Todos tenemos nuestras propias lineas de tiempo

 
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UNA HISTORIA DE LIMONES

Una historia de limones.

Mi mamá siempre dice que sus tres hijos son muy diferentes y ejemplifica las diferencias con una historia de limones. Ella dice “si le digo a mis hijos que vayan al supermercado y que me traigan tres limones esto es lo que va a suceder: Menchu la menor irá y lo pensará bien y me traerá un solo limón porque creerá que tres son un exceso; Rubén el mayor me traerá exactamente tres limones para cumplir con la tarea puntualmente y Pili la de en medio, me traerá no menos de 6 limones más manzanas y alguna que otra fruta que tal vez se vaya necesitar más tarde. Esta historia ejemplifica la relación que cada uno de nosotros tiene con la vida pero además existe un complemento a esta narrativa que les compartiré. Nuestras personalidades son muy diferentes pero también hay una historia común en donde compartimos un inmenso amor por las mismas cosas.  Una pasión por aprender del mundo y de cada uno de nosotros y un apoyo incondicional a nuestras decisiones y manera de vivir.

Tenemos una ferviente motivación por crear experiencias memorables cuando estamos juntos disfrutando de nuestras cosas favoritas: la música, cocinar juntos (aunque en esta familia, los hombres cocinan y las mujeres los apoyamos tomando vino), viajar, hacer ejercicio y lo más importante que tenemos, es un profundo entendimiento de que la diversidad de perspectivas, estilos y caminos entre nosotros, es nuestra mayor bendición.  

En el caminar hemos entendido algo importante, que el camino a la felicidad es tan diferente como la historia de los limones.  Cada uno de nosotros tuvo un camino distinto para arribar a nuestros destinos. Mi hermana Menchu encontró al amor de su vida a los 20 años.  Ella siempre fue extremadamente clara en lo que quería y lo que no quería de la vida y de un compañero. Gracias a eso hemos sido muy afortunados de tener a Ponchito mi cuñado por 20 años.  Él fue nuestra primera adición a la familia. Cuando se casaron decidieron esperarse a tener bebés para viajar por el mundo y disfrutarse mutuamente por una década, 13 años después de estar juntos llegó el primero de mis sobrinos.  Ahora tenemos la alegría de tener a Santiago (9) y Camina (5). Menchu y Ponchito aman el vino tinto, la música, las vacaciones familiares y los restaurantes. Ellos se mantienen ocupados exhortando a mis sobrinos a abrazar lo que los hace únicos y evolucionar desde sus sueños y no desde sus miedos. Menchu y Ponchito además trabajan muy duro en sus carreras profesionales así que se mantienen más que ocupados.

Menchu y yo trabajamos en la misma organización por casi dos décadas hasta que yo renuncié en Julio del 2018.  Menchu es mi porrista número uno y el principal apoyo en mi decisión de reinventarme y redirigir mis energías a un proyecto más personal. Ella es el Ying de mi Yang, nosotros hemos sido socias intelectuales y profesionales por muchísimo tiempo.

Rubén es mi hermano mayor aunque siempre nos preguntan quién es el más chico de los tres. El y su esposo Alex han estado juntos por 13 años pero casaron en Noviembre del 2014 cuando Pennsylvania aprobó los matrimonios del mismo sexo.  Rubén y Alex viven en Miami y aman viajar por el mundo, hacer ejercicio, agasajar a sus amigos con gran estilo, la música y el arte. Rubén ha sido el gran pilar de mi vida, el que me empuja a hacer cosas que tengo pendientes en el tintero, el que me ha salvado de todos los enredos en los que he metido y quien siempre tiene la canción precisa para mí o para tí dependiendo de la circunstancia.  Yo no podría vivir sin él. 

Yo soy otra historia, he estado casada dos veces anteriormente. La primera vez a los 23 años me casé con un ser humano espectacular pero éramos demasiado jóvenes y yo no tenía ni idea de lo que quería de la vida o qué tipo de matrimonio quería o si quería uno o no, estaba totalmente perdida. Me tomó muchísimos años y una colección grande de experiencias y trabajo interno para entender qué era lo que necesitaba y quería y entender qué tendría que hacer para lograrlo. Tuve que dejar de ser la que bloqueara mi propio camino. Con esto quiero decir el explorar mi interior y los patrones que repetía una y otra vez sin darme cuenta que me llevaban al mismo resultado una y otra vez.  

Sin embargo, después de ese matrimonio a los 23 años supe me había casado porque en mi mente después de terminar la Universidad era un paso casi obligado o pre-programado en mi cabeza.  Fue entonces cuando entendí que no podía ser una veleta, presa de expectativas que no tenían nada que ver conmigo. Allí empiezo el camino hacia ser más independiente. Entendí que la única que iba a sufrir las consecuencias de mis decisiones era yo y la persona que tenía enfrente y tampoco podría ir por la vida lastimando a los demás. Puedo pensar que en ese momento se dan los cimientos de los principios de The Modern Rule, sin embargo no fue un cambio inmediato.  La segunda vez que me case fue a los 31 y podemos afirmar que “no era un para siempre”. Las razones por las que me casé fueron muy parecidas a la primera vez. Había estado enferma de una cuestión delicada y venía saliendo de una relación espectacular pero tormentosa. Entonces, llegó a mi vida un chico con una seriedad, certeza y calma y me pide que me case con él 6 meses después de conocerlo. Yo interpreto todo este escenario como una señal del Universo y le digo que sí, sin siquiera pensarlo dos veces. Ese matrimonio duro 8 meses.

Para mi buena fortuna, mucho más tarde en el camino, me encontré a Christopher-Joseph y jamás lo hubiera reconocido si no hubiera sido por todas las experiencias que tuve anteriormente y un trabajo interior arduo para entenderme mejor.  Me salí de esa caja mental en donde yo misma creía que no podía llevar una relación más allá de 3 años. Además de entender qué tipo de pareja era la que yo quería tener.

Como yo, Christopher se había casado muy joven, tuvo 3 hijos de su matrimonio.  Su camino en la vida también fue una seria de frenos y aceleradores pero todas esas experiencias también lo ayudaron a entender lo que quería de la vida. Nosotros amamos diseñar experiencias para los demás y tenemos una vida muy entretenida en donde celebramos quienes somos individualmente y como pareja.  Hemos cumplido ya 6 años juntos y 3 de casados, nos entendemos bien y tratamos de seguir evolucionando y entendiéndonos mejor cada día y los cambios por los que cada uno de nosotros pasa.

Como pueden ver, los caminos que tomamos mis hermanos y yo se parece a la historia de los tres limones. Nuestras decisiones y tiempos han sido muy diferentes y cada uno de ellos ejemplifica lo que The Modern Rule representa: la diversidad y fortaleza que da el vivir la vida definiendo tus propios términos y tiempos. Nunca es demasiado tarde, ni demasiado temprano, es exactamente cuando y como tú decidas.

Cada uno de nosotros contribuye a nuestra familia con su individualidad y en todo momento tratamos de celebrar la diversidad de personalidades, perspectivas, estilos y experiencias que tenemos en conjunto.  Hemos pasado por muchas situaciones y las pasamos juntos. Nos reímos, discutimos apasionadamente y sobre todo nos apoyamos en los cambios y las vicisitudes que la vida nos va presentando.

La filosofía del The Modern Rule tiene el objetivo de que veas que no existen moldes; tú creas tu propio camino en tus propios términos y tiempos.  Hemos encontrado que algo importantísimo en la vida, sobretodo en esta vida de “The Modern Rule” es asegurarte que te rodeas de gente -tu equipo de vida- que te ama incondicionalmente. Ellos celebran quien eres y tu también los celebrar a ellos y la riqueza que brindan a tu vida.